El lunes es buen día.
- 15 feb
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Actualizado: 16 feb

Muchas veces como matrimonio decimos: “La otra semana empezamos a cambiar”. Y así se nos pasa el tiempo… mientras tanto, vamos hiriendo a la persona que está a nuestro lado. Postergamos decisiones que podrían salvar nuestra relación, como si el amor pudiera esperar a que llegue el lunes.
Recuerdo cuando estaba desempleado y apareció una oferta que me devolvía a la vieja vida: fiestas, alcohol, ausencias. Era tentador, pero junto a mi esposa decidimos decir no. Porque cuando Dios nos saca de un lugar, no quiere que volvamos a mirar atrás. Lo que parece oportunidad, a veces es solo una trampa disfrazada.
La Biblia nos advierte con el ejemplo de Demas, aquel compañero de Pablo que lo abandonó porque amaba más las cosas del mundo (2 Timoteo 4:10). Pedro lo dice sin rodeos: “Un perro vuelve a su vómito… un cerdo recién lavado vuelve a revolcarse en el lodo” (2 Pedro 2:20-22). Así somos cuando decimos: “Después cambio”, pero seguimos atrapados en lo mismo.
En el matrimonio, cada día cuenta. No podemos vivir echándole la culpa al otro, ni esperar que el tiempo arregle lo que nosotros no queremos enfrentar. El Salmo 91 promete que Dios responde cuando lo invocamos, pero primero debemos decidir amarle hoy, no mañana.
¿Por qué esperar hasta el lunes para pedir perdón? ¿Por qué dejar para la próxima semana el abrazo que tu cónyuge necesita hoy? El tiempo que posponemos es terreno fértil para el resentimiento. El enemigo no necesita que caigas, solo que te distraigas.
La vida en Cristo no se trata de “pausas espirituales” ni de vacaciones en la fe. Se trata de ser fieles en lo poco, de amar cada día más a Jesús y demostrarlo en cómo tratamos a quien duerme a nuestro lado.
Como matrimonios, no podemos vivir de excusas. ¡Siempre al pie de la bandera! Porque el cambio empieza ahora, no la otra semana.




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